
Murallas de Cádiz
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1598
FORTIFICACION|PIEDRA
ANDALUCíA | CáDIZ | CáDIZ
Las murallas de Cádiz son parte indispensable de esta ciudad trimilenaria, y conforman un conjunto defensivo que circunscribe todo el casco histórico. A lo largo de sus lienzos y sillares se suceden baluartes y castillos cuya función era la protección militar de Cádiz y de su Bahía. Aunque parte del perímetro se remonta a la Edad Media, el crecimiento más destacado del conjunto se dio tras el saqueo de la ciudad por el conde de Essex de 1596. Los ciudadanos vieron la necesidad de contar con mejores murallas que les protegieran frente a asaltos similares. Dada la configuración de la isla (luego península) en la que se instaló Cádiz desde su fundación como Gadir por los fenicios, salvo el frente de Tierra el resto de las murallas se construyeron lindando con el mar, dificultando así posibles nuevos desembarcos
Con el avance del siglo XIX, el uso militar de este sistema de fortificaciones fue dando paso a un uso urbano, por lo que a principios del siglo XX los urbanistas planificaron su demolición parcial (muralla del frente portuario, Puerta de Tierra y Baluarte de San Roque). Así se configuró el modelo de ciudad actual, donde aún se pueden encontrar más de 7 km de defensas: Baluarte de Puerta de Tierra, muralla del Vendaval o Puerta del Sur, La Caleta con los Baluartes de San Pedro y San Pablo, el Castillo de Santa Catalina, Baluarte del Orejón y Puerta de la Caleta, Castillo de San Sebastián, Baluarte de San Carlos, etc. Las murallas de Cádiz se integran en el paisaje cultural de la ciudad y son un fiel reflejo de las características históricas, geográficas, culturales, paisajísticas y arquitectónicas de la ciudad y su evolución en el tiempo.
Se tiene noticia de las murallas de la ciudad desde tiempos de Alfonso X el Sabio, rey al que se le debe su repoblación en 1262. La muralla rodeaba el actual barrio del Pópulo salvo por el sur, donde los acantilados del Atlántico se consideraban protección suficiente. En el siglo XV, el marqués de Cádiz reformó la muralla, probablemente de cal y mampuestos aunque se utilizara sillería en puertas y ciertos ángulos. Y, para proteger el puerto, un importante núcleo comercial por su conexión con Berbería y por ser punto de partida de las incursiones contra Marruecos, se levantan dos importantes torres. No fue hasta las décadas de 1640 y 1650 cuando se revistió de piedra toda la cara exterior de las murallas.
Sin embargo, y como señalan Muñoz et al. (2009), "el gran crecimiento experimentado por la ciudad tras el descubrimiento de América indujo la construcción de gran número de viviendas arrimadas y extramuro que facilitaron la incursión de moriscos, ingleses y holandeses. En 1530 hay un plan de asalto por parte de Barbarroja, abortado en origen por el almirante Andrea Doria al atacar a la flota enemiga en su puerto de avituallamiento. En 1559 los turcos hunden las galeras ancladas en la bahía y en 1574 son asaltadas las almadrabas. En cuanto a los anglosajones, el vice-almirante Drake ataca la bahía de Cádiz en 1587 hundiendo 23 navíos pero sin poder saquearlos ni desembarcar en la villa. Sin embargo, el ataque proporciona datos inestimables sobre la escasa capacidad de defensa de la ciudad, propiciando así la campaña del conde de Essex en 1596".
Tras la destrucción de la villa por los ingleses, el rey Felipe II decide reconstruir y reforzar sus murallas. El proyecto de las nuevas defensas comenzó en 1598, y fue realizado por Cristobal de Rojas y Juan de Oviedo. De esta época datan los primeros castillos-baluartes diseñados en base a los criterios técnicos esbozados en 1557 por Juan Bautista Calvi. Lo más destacado de esta ampliación fue la construcción del castillo de Santa Catalina, al norte de la Caleta, y el cierre definitivo del istmo con dos nuevos baluartes (San Roque en el Atlántico y Benavides en la Bahía). Asimismo, la bahía interior se protegió con el castillo de Matagorda y una defensa en el Puntal. Con el tiempo, se fueron añadiendo baluartes de tipo italiano que se fueron uniendo mediante paños de muralla, en muchas ocasiones ganando terreno al mar. En 1672, para proteger la entrada al puerto, se construyeron el baluarte de la Candelaria, las murallas-baterías de San Pedro y San Pablo, en el centro de la playa de La Caleta, y los baluartes del Orejón y de Capuchinos.
Las defensas de Cádiz no dejaron de aumentar y mejorarse. Aunque Sevilla era el puerto principal en el comercio con América, Cádiz también se aprovechó, especialmente debido a su ubicación junto al Atlántico. Finalmente, en 1717 se convirtió en sede de la Casa de Contratación. En el siglo XVIII la población se multiplicó por ocho. Fue entonces cuando se levantó la "muralla del vendaval" en su lado sur, a lo largo del frente atlántico, cuyo nombre proviene de la razón se du construcción: no se idearon para hacer frente a los barcos enemigos, sino para contrarrestar el efecto del mar embrabecido durante los temporales. Y en 1706 comenzó a levantarse el castillo de San Sebastián. Tiempo después, en 1784, se construyó el baluarte de San Carlos en la zona oeste. Realizado por el ingeniero militar Antonio Hurtado, su objetivo fue completar la protección de la entrada a puerto. Para ello contaba con 55 bóvedas y tuvo capacidad para un total de 90 piezas de artillería.
El afán de defensa de la ciudad propició una inversión enorme en elementos de protección militar, haciendo de Cádiz la plaza fortificada por excelencia en España. Incluso recién comenzado el siglo XIX se reforzaron muchos puntos, durante la Guerra de la Independencia. Su realidad como plaza fuerte pudo ser la razón por la que fue elegida como sede de las Cortes Constituyentes que culminaron en promulgación de "la Pepa" en 1812. No obstante, fue a finales del siglo XIX cuando empezaron a demolerse las murallas y baluartes. Puerta de Tierra, que permaneció intacta hasta el siglo XX, fue perforada en la década de 1940 para favorecer el tránsito de vehículos.
Muñoz Pérez, J. J.; Fages Antiñolo, L.; de la Casa Alonso, A.; Gómez Pina, G. (2009). Las murallas de Cádiz y su lucha contra el mar. Revista de Obras Públicas, nº 3495, p. 41-52. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. https://quickclick.es/rop/pdf/publico/2009/2009_enero_3495_04.pdf
Poullet, P. (2019). Restauración de la muralla marítima de la ciudad de Cádiz. I Foro Patrimonio Cultural de la Obra Pública, p. 121-124. http://fpop.es/wp-content/uploads/2019/10/Libro_Actas_FPOP-web.pdf
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Muy relevante |
Alto interés |
Alto referente en la memoria colectiva |
Singular |
Alterada respecto a los distintos periodos |
Identificable dentro de la atmósfera del lugar |