Rover Alcisa responde al perfil de firma mediana de la construcción que confía en salir reforzada de la crisis. Está entre los grandes contratistas valencianos de obra civil, con una facturación que ronda los 200 millones, buena posición en la obra ferroviaria y un crecimiento basado en la innovación y la inversión prudente. Gestionada y controlada por Alfredo Rodríguez Verdugo, abulense de 49 años forjado en Ferrovial, parece respirar sin dificultad a la vista de su escasa exposición al ladrillo o a clientes privados. Sin embargo, su presidente cree que "hay que subirse a la ola cuando se está creando" y atisba, por ejemplo, oportunidades en el negocio inmobiliario. La última gran apuesta, en plena crisis, fue integrar la constructora ferroviaria Iberovías en el grupo. Tras ese refuerzo aplaude un plan extraordinario de inversión en infraestructuras que se basa en el ferrocarril.
El ministro Blanco ha dado a conocer un plan de participación público-privada en el que los contratos partirán de 50 millones y el 70% de los 17.000 millones de inversiones irá en obra ferroviaria. No tienen ustedes mala posición...
La inyección de inversión en obra civil es agua de mayo. El plan está bien elaborado, tiene en cuenta las necesidades del sector financiero y espero su éxito. Rover Alcisa puede invertir y quiere participar de una forma importante. Presidente y el ministro de Fomento hicieron hincapié, durante su presentación, en la entrada de todo tipo de empresas. Eso implica que el Gobierno apuesta por una creciente competencia.
¿Tendrá más calado que el Plan E o Fondo Estatal de Inversión Local?
Creo que sí. Aparte de la capacidad de generar empleo, la iniciativa incide en el crecimiento futuro a base de crear infraestructuras de primer orden. En cuanto al Plan E, nosotros mismos hemos participado y ha sido importante. El año pasado fue muy duro y no cabe duda de que, a empresas como la nuestra, nos ha ayudado a retener talento. Lo importante es que el control del déficit no haga caer a nadie en la tentación de recortar inversión productiva.
¿Han sentido la ralentización de la licitación a nivel local y regional, en su caso en Valencia?
Valencia tiene en marcha el plan Confianza para estimular las infraestructuras y esperamos mucho de esa iniciativa. Pero Fomento sustenta al sector. A pesar de que la Administración central se ha enfocado un poco más, por tradición, hacia las empresas que juegan en la champions league de la construcción, Rover Alcisa tiene su hueco. También trabajamos con la autonómica y muy poco con la local. Estamos entre esas compañías en que predomina la ingeniería y la cualificación del personal.
¿Cómo se accede desde su posición a los contratos que pondrá en marcha Fomento?
Trabajamos con los grandes, pero lo natural es que vayamos con firmas de nuestras características. Cuando uno se gana la cuota a base de competir se hace eficiente, innova más y da mejor servicio a la sociedad. Hace poco escuché al ministro Blanco que hay que empezar a medir a las compañías por su capacidad de innovación y no por los kilómetros de autovía que son capaces de hacer. Ese argumento me encanta. Estaría bien que en los concursos presentáramos las ofertas de forma anónima y que fuera la mejor propuesta la que se impusiera.
La remodelación del muelle Levante, por la que su empresa puja en el puerto de Valencia, ha reunido una veintena de pujas por una obra de dos millones. Entre ellas están las de las grandes constructoras. ¿Qué reflexión le merece? ¿Es el efecto de la crisis?
Eso ha pasado siempre y me parece sano, fantástico.
¿Y qué me dice de las bajas y de los modificados consustanciales a la licitación de obra pública?
Las bajas han sido perniciosas al crear una falsa competencia. Se supone que está prohibido vender por debajo de coste y eso se ha hecho sistemáticamente en la construcción. Se ha valorado más el riesgo que cada uno está dispuesto a asumir en una obra que la capacidad para hacerla. ¿Quién sale beneficiado? Las grandes, porque pueden diluir el riesgo fácilmente. Fomento está poniendo límites y eso me parece vital.
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